El título de este artículo es literalmente una verdad absoluta, y cuanto antes lo comprendas, lo asumas y lo pongas en práctica, mejor para ti.
Y si no me crees, echa la vista atrás tan solo unas semanas… Instagram decidía cambiar la forma en la que se mostraba su feed, y millones de cuentas que habían hecho un mosaico con él, veían como su perfil ahora se parecía más a un Sloth Fratelli de mercadillo que a lo que quiera que tenía que verse ahí…
La indignación de muchos usuarios era inversamente proporcional a la capacidad de decisión que tienen en los cambios que realizan las redes sociales. Que por cierto, es ninguna.
Y este anecdótico ejemplo de Instagram sirve para lo que trato de decirte, pero hay más ejemplos a montones. Sencillamente las redes sociales no son tuyas y el contenido que publicas en ella, todo ese tiempo y trabajo invertido, puede desaparecer de la noche a la mañana por algún cambio en esa plataforma. Como si un multimillonario loco comprara Twitter y la destrozara a su antojo… Parece un chiste, pero no.
Apostar o centralizar toda tu estrategia online en una red social es como alquilar un piso carísimo en el que el propietario puede cambiar las reglas del alquiler cuando le apetezca.
Claro que debes jugar con las redes sociales, probar todo lo nuevo que vaya saliendo (siempre que cuadre con tu marca) y recorrer los nuevos caminos que surjan en ellas. Este post no es un alegato contra las redes, pero sí un intento de que comprendas que no son para siempre, como no lo es el contenido que se publica en ellas.
¿Sabes lo que sí es tuyo?

Tu web. Así de claro. Hace poco más de un año me preguntan en una entrevista que por qué hacer una web hoy día. Y mi respuesta fue justo lo que trato de desarrollar en este post: Tú sí mandas en el contenido de tu página web.
Como he dicho antes, no se trata de rechazar las redes sociales. Son una herramienta formidable para sacarles mucho partido y por ejemplo, conducir a tu audiencia a realizar la conversión donde quieras.
Ese rinconcito de Internet donde puedes hacer lo que quieras (entiéndeme, siempre que sea legal) y mostrar tu contenido justo como tú quieres, se sigue llamando página web. Y si no tienes web o llevas sin echarle cuenta más tiempo del que debería… Ya sabes, aquí estamos.







