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Dale su valor real a la estética de tu web

 en Diseño web

Como ya sabes, en Wanaleads estamos centrados en diseñar y ejecutar estrategias online con el objetivo de aumentar resultados concretos de tu negocio. Para que esto se de, es necesario utilizar distintas herramientas y hacer que todas estén alineadas si queremos conseguir los resultados que de ellas se esperan. Aunque insistimos mucho en que no puede ser la única herramienta que utilicemos si queremos alcanzar el éxito, también es cierto que tu web o página de aterrizaje sigue teniendo una importancia clave en los resultados que vas a obtener.

Teniendo en cuenta esto, quiero contarte que llevamos años encontrándonos que lo que los clientes desean y piden para su web, no es exactamente lo que les va a llevar al puerto deseado. En muchos casos suelen venir con la idea muy clara de lo que debe de ser su web, teniendo el foco puesto en cuestiones que no deberían ser prioritarias, y en algunos casos que no deberían ser ni importantes. Con este artículo pretendo dar algo de luz sobre este tema, aportar mi granito de arena para que tras leerlo tengas una visión más clara sobre este asunto.

Diferencias entre diseño y estética

Recalco que en el título de este artículo no he dicho diseño, sino estética. Ya que mucha personas, incluso profesionales del sector tienden a confundirlos o hacer un uso de estos dos conceptos de manera aleatoria. Y es que en ningún caso son lo mismo y no debemos de tratarlos así.

Si nos vamos estrictamente a la teoría, según la Wikipedia el diseño es:

El diseño​ se define como el proceso previo de configuración mental, “prefiguración”, en la búsqueda de una solución en cualquier campo. Utilizado habitualmente en el contexto de la industria, ingeniería, arquitectura, comunicación y otras disciplinas creativas.

¿Lees algo sobre la estética en esta definición? ¡No! ¡Y no se trata de un error! Es cierto que puede parecer que cuando escuchamos hablar de Jonathan Ive y de sus diseños para Apple la imagen que se nos viene a la cabeza es lo bonito que son estos productos, y directamente tendemos a relacionarnos con el éxito de los mismos. Pero aunque sea lo que puede parecer a primer vista el éxito de Apple no se basa en la belleza de sus productos. Al menos no únicamente a ello.

El diseño busca la funcionalidad, la durabilidad, la claridad, el entendimiento. Cuando se diseña una herramienta, como puede ser una plataforma web, hablamos de mucho más que de conseguir que tenga una estética agradable a la vista. 

Obsesionarse con la estética no es bueno

Varias copias de Homer luchan por ser la original

Ya he conseguido que te quede claro que el diseño engloba muchas más áreas que la estética. Ahora voy a dar un paso más allá intentando que asimiles que la estética no sólo no es el único punto al que afecta el diseño, sino que ni siquiera es el principal. Sé que puede sorprender, ya que la mayoría de clientes con los que me siento a hablar relacionan directamente el diseño con la imagen. No es algo que deba de traumatizarte. Como decía más arriba, incluso a muchos profesionales del sector parece que les pasa lo mismo.

Cuando se diseña una web no debemos entrar en esa obsesión por la estética, en querer ser los más bonitos y los más “chachis”. Principalmente porque la estética es algo subjetivo, y lo que para ti puede ser una web muy hermosa, para tu cliente puede resultar una gran montaña de basura. Nuestra opinión de la estética se forma basándonos en nuestra formación cultural, en nuestras experiencias personales, en nuestras propias vidas… Afortunadamente cuando nos dirigimos por ejemplo, al público de un mismo país, hay ciertos rasgos culturales que nos permiten de algún modo homogeneizar sus gustos, dándonos la seguridad de ofrecer algo que satisfaga al consumidor.

No estoy diciendo en ningún caso que la estética no sea importante. ¡No tergiverses mis palabras! La estética tiene funciones vitales como son la de generar confianza en tu cliente, la de facilitar la memorización de tu marca al seguir unos patrones ya reconocibles de la misma, así como la de buscar la diferenciación con la competencia. Nos permite que la gente sepa que somos nosotros y no otros. Una buena estética les permite reconocernos a primera vista, confiar en nosotros y recordarnos.

¿Nunca te ha pasado que al ver la web de una empresa por primera vez sabes que es suya sin haber leído ni siquiera el nombre? Seguro que sí.

El síndrome de Homer

Homer Simpsons señala empeñado en el diseño de coche que tiene en mentePor favor, no caigas en algo a lo que hemos llamado el síndrome de Homer.

Si no eres un ermitaño que vive en mitad del bosque, seguramente tengas una tele en casa y, por ende, conozcas a los Simpsons. Esa familia amarilla que mediante una interminable serie de inteligentes historietas consiguen divertir a los más pequeños y enviar críticas sociales a los adultos.

En el episodio 15 de la ya antigua segunda temporada veíamos como Herb, el hermano de Homer Simpsons, abría las puertas de su empresa a Homer para que diseñara el próximo coche que iba a lanzar al mercado.

A pesar de los múltiples intentos de los ingenieros y especialistas por asesorar a Homer en esta tarea, él tenía claro que no necesitaba de estas ayudas, ya que llevaba muchos años conduciendo como para saber lo que debía tener el coche perfecto.

Tenía las ideas muy claras y dotó al vehículo de un sin fin de accesorios que para él era imprescindibles para él como un posavasos gigante, una pelotita en la antena para identificarlo en los parkings, alerones, cabinas de cristal, tapicerías especiales…

Por si fuera poco también ignora la subjetividad de la estética, y decide sacarlo al mercado sólo en el color que para él era mejor. Todo esto desemboca en un horroroso vehículo que no gusta a nadie (excepto a los fans de la serie) y que dobla el precio a cualquier otro vehículo de la competencia.

Como no podía ser de otro modo, todo esto desemboca en la ruina total de Herb, el hermano de Homer, que podremos ver como un mendigo de Springfield en las próximas temporadas.

 

Homer Simpsons presenta un vehículo donde ha querido poner todo lo que se le ha pasado por la cabeza,

Exactamente esto es lo que vivimos cuando un cliente viene ya de casa con el síndrome de Homer.

Diseñar bien una web, no es tenerlo todo. No es desarrollar una web con 67 secciones, con 11 formularios de 30 preguntas, con una intranet, con un foro, un blog, un FAQ, con cientos de Call To Action… No, diseñar bien no es eso. Créenos cuando te decimos que no necesitas tenerlo todo desde el primer día, y que esto no te haría ningún bien. No es que nos haya picado un bicho raro y nos haya dado por intentar venderte algo más pequeño. Es que realmente hemos visto en cientos de proyectos que no es lo que necesitas desde el principio.

Diseñar bien es ofrecerte la herramienta más sencilla y clara posible que consiga los objetivos que te has marcado. Es minimizar, es ser práctica, es facilitarle a tu cliente la navegación y lo que busca de una empresa como la tuya para tomar la decisión de contratarte o comprarte.

Homer Simpsons y su hermano se miran tras el primer haber arruinado al segundo.

Un buen diseño también permite rentabilizar al máximo tu presupuesto. Que no inviertas más de lo necesario en el área equivocada de tu estrategia online. ¿Cuántas veces habremos escuchado de empresarios que han montado una super web y se han quedado sin presupuesto para hacer una estrategia online que consiga atraer visitas a esa fantástica web?

Un buen diseño es el que cumple su objetivo

Bart Simpsons escribe en una pizarra el título de este artículo hasta memorizarlo

Cuando realizamos un buen diseño conseguimos una serie de beneficios extraordinarios en un sin fin de áreas. Pero para ello se necesita hacer un trabajo completamente personalizado utilizando la capacidad que la evolución ha dado al ser humano para analizar y sacar conclusiones. Para conseguir un buen diseño necesitaremos tener en cuenta una gran cantidad de factores como quién va a usar eso que estamos diseñando, qué edad tiene, de qué sexo es, de que ciudad, en qué sociedad vive, que nivel cultural tiene, etc…

Pongamos como ejemplo el diseño de un cepillo de dientes. Por supuesto tendrá que ser bonito para que la gente que lo vea en la estantería del supermercado le llame la atención para comprarlo, y para que no le de cosita meterse eso en la boca. Pero sobre todo tendremos que tener en cuenta si lo van a usar niños o adultos, de donde son esas personas, con lo que podemos predecir el tipo de alimentación que tienen, cuál es el nivel adquisitivo de esas personas para saber cada cuánto renuevan este producto y saber cuánto debería de durar, etc… Se trata de un proceso completamente personalizado que afectará incluso a los coste de fabricación y al margen de beneficios de la empresa.

En el caso de las plataformas web o páginas de aterrizaje pasa exactamente lo mismo. Por supuesto que tienen que ser atractivas para ayudar a generar confianza y que tus clientes reconozcan la marca. Pero su objetivo no debe ser bonito, sino conseguir sus objetivos.

Debe de ayudarte a mejorar tus resultados, a vender más, por encima de ser la más bonita.

Y esto no siempre va en la misma dirección. Por ejemplo me he encontrado sectores en los que una estética excesivamente cuidada, enviada inconsciente al lector un mensaje de producto lujoso o precios altos. Debes utilizar la estética adecuada teniendo en cuenta el sector en el que te mueves, el público al que te diriges, lo que está haciendo la competencia, así como  lo que se van a encontrar al llegar a tu negocio, ya que tu imagen online deberá estar alineada con la realidad de tu empresa.

Ahora que ya conoces más en profundidad el concepto de diseño, puedes deducir por ti mismo las numerosas ventajas que, utilizándolo bien, puede aportar a tu estrategia online. Ten por seguro que un buen diseño será una parte vital para alcanzar el éxito por el que tanto están trabajando.

Homer Simpsons se baña en diseño tras encontrar el éxito en los negocios

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